Por: Guillermo Salas Razo México vive hoy un problema estructural que resulta difícil seguir ignorándose. Mientras nuestras exportaciones agroalimentarias logran posicionarse en algunos de los mercados más exigentes del mundo, el pulso financiero de muchas de nuestras empresas muestra señales preocupantes que ponen en riesgo su sostenibilidad en el largo plazo. La realidad es dura, pues se estima que más del 70% de las agroindustrias del país operan en condiciones de alta vulnerabilidad financiera; y es que se encuentran atrapadas entre el aumento constante en el costo de los insumos, la volatilidad de los precios internacionales y una carga de deuda que limita seriamente cualquier intento de crecimiento. Sin embargo, el problema más inquietante no es únicamente el endeudamiento, sino el analfabetismo financiero que persiste en el sector. Diversos análisis sugieren que cerca del 40% de los empresarios agroindustriales se encuentran en una situación de insolvencia técnica sin siquiera advertirlo, pues suelen confundir los ingresos que llegan en temporada de cosecha con utilidades reales. Esta especie de ceguera financiera suele originarse en una mezcla poco saludable entre el patrimonio familiar y el capital operativo de la empresa. El resultado es que muchas unidades productivas van perdiendo capital de manera silenciosa, y cuando finalmente el productor decide buscar financiamiento, descubre que su empresa ya no es vista como un proyecto viable, sino como una organización que requiere una intervención urgente para evitar su colapso. Frente a este escenario, quienes nos asumimos como consultores del sector y sobre todo en mi caso siendo Nicolaíta (heredero de una tradición de compromiso social y excelencia académica), no puedo permanecer indiferentes ante el riesgo que enfrenta uno de los pilares de la economía nacional. Por eso veo con urgencia como se vuelve indispensable formar una nueva generación de especialistas capaces de intervenir estratégicamente en el sector agroalimentario; profesionales que no solo comprendan el ciclo biológico de los cultivos, sino que también dominen herramientas como la reestructuración de pasivos, la gestión de riesgos y la optimización del capital de trabajo. Porque producir más, por sí solo, ya no es suficiente. Hoy el desafío es gestionar mejor, convertir cada unidad de producción en una organización financieramente resiliente, capaz de enfrentar un mercado global cada vez más competitivo y exigente. Por eso, el propósito de esta reflexión y el compromiso que la acompaña es claro, invitar a los tomadores de decisiones y a los propios agroindustriales a dar el paso de un modelo de supervivencia por inercia hacia uno de prosperidad planificada, donde el diagnóstico oportuno y la intervención financiera estratégica permitan que el esfuerzo que nace en la tierra se traduzca en estabilidad económica para las familias del campo y en fortaleza para México, #Palabra_de_Nicolaíta. Navegación de entradas Juventud Universitaria y Compromiso Social: la Generación que está llamada a Redefinir el Destino de México La cortina se mueve: Morena y duelo por Morelia