Por: Dr. Guillermo Salas Razo La atención pública se desplazará inevitablemente hacia los estadios, pero detrás del fenómeno de masas y la derrama económica que representa el arranque de esta próxima copa Mundial de Futbol, considero que la semana que inicia no debe ser de simple contemplación lúdica, sino un momento impostergable de reflexión, análisis crítico y riguroso. Como Nicolaíta, observo este evento no con la pasión del aficionado, sino como un complejo fenómeno sociopolítico y económico que pone en evidencia las tensiones estructurales del sistema agroalimentario nacional: ya que por un lado, se nos presenta una vitrina internacional inigualable para consolidar productos agroindustriales premium, pero por el otro, nos somete a una fuerte presión aspectos estratégicos como la soberanía alimentaria y los mecanismos de bioseguridad del país, revelando desafíos que no pueden ser ignorados. El contraste es severo; pues mientras presumimos récords de exportación en productos de alto valor, mantenemos una dependencia crítica en granos básicos; un contrasentido histórico que nos recuerda que la seguridad de una nación no se mide en goles, sino en la capacidad de asegurar el derecho a la alimentación de su población sin supeditarse al exterior. Este escenario implica un riesgo latente para la bioseguridad nacional, particularmente ante la posible introducción y dispersión de plagas y enfermedades de carácter transfronterizo, como lo ha sido el gusano barrenador; ya que cualquier debilitamiento en los mecanismos de vigilancia y control operados por SENASICA y COFEPRIS, frente al incremento extraordinario en la movilidad de personas y mercancías, podría comprometer aun más el estatus sanitario que respalda la competitividad de las principales regiones productoras de nuestro país. Además, de manera paralela, esta situación podría intensificar las presiones inflacionarias sobre los alimentos básicos, afectando el poder adquisitivo de la población y profundizando las tensiones sociales que actualmente expresan distintos sectores y organizaciones del medio rural. Por ello, este momento exige un enérgico llamado a las autoridades agropecuarias para transitar del asistencialismo coyuntural hacia políticas públicas de fondo basadas en la trazabilidad, el desarrollo técnico y la certificación de competencias, pero de manera muy particular, representa una sacudida y una urgente concientización para las instituciones de educación superior. Y es aquí donde experimento una profunda preocupación por el rumbo actual de nuestra Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; me duele ver cómo, en ocasiones, la academia parece distanciarse de las realidades más apremiantes de nuestro entorno rural. Nuestra Casa de Hidalgo debe redireccionar su rumbo con urgencia para recuperar su legítima vocación y compromiso social, haciendo que sus funciones sustantivas (la docencia, la investigación y la extensión de la cultura) dejen de operar en el aislamiento del aula y se conviertan en herramientas vivas al servicio de las comunidades. No podemos ser meros espectadores de esta dinámica global, sino que estamos obligados a asumir el liderazgo científico en la formación de especialistas en inteligencia estratégica agroindustrial que diseñen las soluciones técnicas que el campo requiere de manera inmediata. Ante este escenario, asumo desde mi trinchera académica un compromiso público, firme e ineludible con los productores de nuestra tierra: me solidarizo plenamente con su esfuerzo cotidiano y sus legítimas demandas, y me comprometo a impulsar, coordinar y mantener abiertos los canales de investigación, vinculación y diálogo científico que dignifiquen el trabajo rural y protejan su patrimonio. Dejo abierta la discusión en esta columna porque me parece inaceptable que la academia guarde silencio frente a un modelo que prioriza el flujo de divisas de corto plazo sobre la sustentabilidad y el rescate de la soberanía alimentaria; al concluir el Mundial de Futbol y apagarse los reflectores, la valía de esta experiencia no se juzgará por los resultados en la cancha, sino por nuestra capacidad colectiva y universitaria para abrazar con empatía a quienes nos alimentan y blindar estructuralmente la tierra y los recursos que sostienen la vida de este país, #Palabra_de_Nicolaita. Navegación de entradas ¿Somos una Potencia Agroalimentaria? No Mientras Sigamos Abandonando la Investigación Agropecuaria