Por: Guillermo Salas Razo

 

México está atravesando un momento económico delicado que ya no permite simulaciones ni discursos vacíos, y es que el contexto internacional se ha vuelto más incierto, más competitivo y, sobre todo, más proteccionista.

Aunado a esto, las tensiones comerciales con Estados Unidos, la presión sobre las cadenas de suministro, la desaceleración económica global y la disputa cada vez más agresiva por los mercados estratégicos están cambiando las condiciones para todos los países, y Michoacán no está al margen de esa realidad.

Durante muchos años apostamos buena parte de nuestra competitividad a la abundancia de recursos naturales, a nuestra ubicación geográfica y al enorme esfuerzo de la gente trabajadora que sostiene todos los días la economía nacional.

Pero el mundo cambió y nosotros no podemos seguir compitiendo únicamente desde el desgaste humano ni desde la explotación intensiva de nuestros recursos.

Hoy es evidente que el modelo económico tradicional comienza a quedarse corto frente a los retos actuales, pues la riqueza ya no depende solamente de producir más; depende de quién tiene la capacidad de innovar, adaptarse y generar conocimiento útil.

Mientras otras regiones del mundo avanzan hacia economías impulsadas por tecnología, investigación e innovación, en México seguimos atrapados muchas veces en la discusión política inmediata y no en la construcción de una visión de largo alcance; y Michoacán refleja perfectamente esta contradicción.

Y aunque nosotros tenemos talento joven, potencial productivo, ubicación estratégica y una enorme capacidad para generar valor en sectores clave como la agroindustria, la logística, el comercio, el turismo, la industria alimentaria y los servicios; seguimos cargando rezagos históricos en infraestructura, tecnificación, conectividad y acceso a oportunidades de especialización profesional.

Por eso, el reto ya no consiste solamente en producir; consiste en lograr que el conocimiento y la preparación técnica realmente se conviertan en motores de desarrollo y movilidad social.

Por eso resulta indispensable entender que la discusión sobre el futuro económico de Michoacán no puede quedarse únicamente en los espacios políticos o empresariales; también tiene que pasar por las universidades, los centros de investigación y los espacios donde se forman las nuevas generaciones.

Y aquí, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo tiene una responsabilidad enorme frente a este contexto.

La academia no puede permanecer aislada ni convertirse en espectadora de los cambios económicos que están redefiniendo al país y al mundo. El conocimiento necesita salir del aula, vincularse con la realidad y convertirse en soluciones concretas para los problemas que enfrenta nuestra sociedad.

Cuando uno de nuestros estudiantes, uno de nuestros investigadores o un de nuestros profesionistas egresados aplica su preparación para mejorar procesos, fortalecer cadenas productivas, optimizar recursos o desarrollar innovación local; no solamente está haciendo trabajo técnico, está ayudando a construir oportunidades reales para miles de familias michoacanas.

Por eso yo creo que la UMSNH representa la más importante oportunidad para replantear el rumbo del estado y del país.

Hoy los tomadores de decisiones deben de apostar de verdad por la educación superior, la investigación aplicada y la formación técnica como herramientas de transformación social y crecimiento económico. Si gobierno, iniciativa privada y nuestra Universidad logran construir una visión compartida, Michoacán puede convertirse en un referente nacional de innovación regional y desarrollo con sentido social #Palabra_de_Nicolaíta.