A medida que la temperatura política comienza a subir rumbo a 2027, en Michoacán no solo se calientan los ánimos: también resurgen viejas fracturas, alianzas rotas y preguntas incómodas que nadie quiere responder de frente. Pero Alfonso Martínez y el Partido Acción Nacional deberán hacerlo sobre todo después del jueves, cuando se nombre al aún edil moreliano como coordinador estatal del Cambio y la defensa de la familia. Lo que alguna vez fue un bloque opositor con aspiraciones reales hoy parece más un rompecabezas incompleto. Las grietas entre partidos que en su momento caminaron juntos —como el PRD de Octavio Ocampo o el PRI de Guillermo Valencia— no solo siguen abiertas, sino que amenazan con profundizarse justo cuando más necesitarían cohesión En medio de este escenario, más allá de simpatías o resistencias internas, Alfonso Martínez Alcázar es el único perfil que hoy se vislumbra con la suficiente estructura, posicionamiento y experiencia para competir seriamente contra Morena y sus aliados. Desde el PAN, las señales han sido, por decir lo menos, tibias. Mientras el dirigente estatal, Carlos Quintana, se limita a hablar de diálogo con el PRI, desde la esfera nacional, Marko Cortés ya dejó entrever lo que muchos consideran obvio: sin una alianza opositora amplia, la gubernatura de Michoacán en 2027 será prácticamente inalcanzable. La pregunta no es si deben aliarse, sino con quién… y bajo qué condiciones. El PRI levanta la mano con insistencia. Ha pedido diálogo, ha presionado para acelerar definiciones e incluso ha lanzado ultimátums velados. Su discurso es claro: la decisión debe tomarse en lo local, donde aún conserva estructura pero también carga con un desgaste histórico que podría restar más que sumar en ciertos sectores del electorado. En contraste, el PRD parece haber tomado distancia no solo del PAN, sino de su propio pasado reciente. A pesar de haber acompañado a Martínez Alcázar en su última campaña por la alcaldía de Morelia, la relación se fracturó casi al inicio de la administración. Hoy, el partido del sol azteca luce desdibujado y, en algunos casos, más cercano a Morena que a una oposición articulada. Movimiento Ciudadano aparece como una carta interesante, aunque no exenta de contradicciones. Liderado en el estado por perfiles provenientes del PRD, como Víctor Manríquez y Carlos Herrera Tello, podría ofrecer una narrativa “fresca” y menos contaminada por las viejas alianzas. Sin embargo, su verdadera capacidad de arrastre electoral en Michoacán aún está por demostrarse en una contienda de esta magnitud. Y finalmente, está la opción más arriesgada: ir solos. El PAN, con su estructura tradicional y voto duro, podría apostar por una candidatura sin alianzas, buscando capitalizar el desgaste de los demás partidos. Pero la historia reciente muestra que, frente a un aparato político como el de Morena, la fragmentación suele ser sinónimo de derrota. Así, el dilema no es menor. Cada posible aliado suma… pero también resta. Al final, la pregunta queda en el aire: ¿le conviene al PAN construir una alianza amplia, aunque incómoda, o apostar por la pureza política y el riesgo de la derrota? Navegación de entradas El Fin de la “Pobreza Romántica”, es Momento de Transformar el Campo Movilidad Social en América Latina: la Promesa que aún No se Cumple