En las calles de Tenencia Morelos ya se respira ese aire especial que antecede a los días grandes. No es sólo la expectativa de una tradición que vuelve, sino la suma de esfuerzos, manos voluntarias y convicciones profundas que, año con año, dan vida a una de las representaciones más sentidas del Viacrucis en la región.

“Miren lo que hemos logrado”, dice con orgullo José Luis Aguilar Romero, vecino del barrio Las Cruces, al señalar el espacio que antes lucía olvidado y que hoy se ha transformado gracias al trabajo comunitario. Ahí, entre cruces y tierra recuperada, comenzará este año una parte fundamental de la celebración: la representación del Jueves Santo.

La invitación es clara y abierta. “Aquí todos son bienvenidos”, expresa Pablo Aguilar, también vecino del lugar, con ese tono hospitalario que define a la comunidad. La única condición, subraya, es llegar con respeto, con la intención de vivir la experiencia en paz.

Un programa que recorre la fe

El grupo organizador del Viacrucis, en coordinación con la parroquia de San Juan Bautista, ha preparado una agenda que combina tradición, simbolismo y participación colectiva.

El Jueves Santo, a partir de las 9 de la noche en Las Tres Cruces, se escenificará la Última Cena, el lavatorio de pies y el pasaje del huerto de los olivos. Será una noche íntima, cargada de recogimiento.

Para el Viernes Santo, la jornada inicia a las 10 de la mañana en la parroquia con el juicio de Poncio Pilato. Minutos después, entre las 10:30 y 10:40, dará inicio el recorrido por las principales calles de la comunidad, en un trayecto de aproximadamente dos a dos kilómetros y medio que culminará en la colonia Pablo Galeana con la crucifixión.

Ya por la tarde, a las 7:00 p.m., el silencio tomará las calles en una de las procesiones más conmovedoras de la semana.

Un viacrucis que crece con su gente

Este año, la ruta cambia. No por capricho, sino por una decisión que busca algo más profundo: integrar a más colonias y reconocer el esfuerzo de quienes han trabajado por recuperar espacios comunitarios, como el comité de Las Tres Cruces.

La representación moviliza a cerca de 50 personas en la organización, aunque su alcance es mucho mayor: familias enteras, vecinos, visitantes y fieles que se suman como espectadores y participantes.

Entre ellos destaca Bryan Álvarez, quien este año encarna a Jesucristo. Sobre sus hombros —literal y simbólicamente— recae una cruz de entre 70 y 75 kilos, para la cual se ha preparado físicamente durante semanas. Pero más allá del esfuerzo físico, hay un mensaje.

Un llamado a los jóvenes

“Estamos un poco perdidos”, reconoce Bryan al hablar de su generación. Su voz no juzga, invita. Habla de la dificultad de acercar a más jóvenes, pero también de la importancia de insistir, de abrir espacios.

El grupo —de carácter familiar— no distingue edades. Aquí caben niños, adultos y mayores. Lo importante, coinciden, es la disposición de participar y de reencontrarse con valores que fortalecen el tejido social.

Preparación, ensayo y una invitación abierta

Detrás de cada escena hay horas de ensayo donde no sólo se memorizan diálogos, sino que se simula el propio recorrido del Viacrucis. Es en estas prácticas donde los participantes recrean, lo más fielmente posible, el trayecto que después recorrerán ante la comunidad. Fuera de ello, la preparación continúa en lo físico, con rutinas que les permiten enfrentar el esfuerzo que implica la representación.

Con ese mismo compromiso, los organizadores hacen una invitación directa: creyentes o no, todos pueden darse la oportunidad de presenciar el trabajo colectivo que involucra no sólo al grupo del Viacrucis, sino también a vecinos de distintas colonias. Tenencia Morelos se presenta como un espacio seguro, tranquilo y abierto, donde la tradición se vive en comunidad. “Los esperamos con los brazos abiertos, no falten”, es el mensaje que resume el espíritu de estos días.

Tradición que trasciende

Lejos de buscar reflectores, los organizadores insisten en que el objetivo es otro: servir, expresar la fe y ofrecer una alternativa que acerque a la comunidad, especialmente en tiempos complejos.

La Semana Santa en Tenencia Morelos no es sólo una representación; es un acto colectivo de identidad. Un recordatorio de que, entre calles conocidas y rostros familiares, aún es posible encontrarse, creer y caminar juntos.

La invitación está hecha: vivir estos días en paz, con respeto y con el corazón abierto. Como cada año, Tenencia Morelos espera con los brazos abiertos.