Por: Guillermo Salas Razo. Hay algo que me preocupa profundamente cuando observo lo que ocurre este año en el campo mexicano. A primera vista, las lluvias parecen una buena noticia, ya que durante meses las esperamos y finalmente llegaron. Sin embargo, hablando con los productores descubro que la realidad es muy distinta. Y es que hoy el problema ya no es solo la falta de agua, ya que, en muchas regiones, el exceso de humedad está favoreciendo enfermedades, incrementando las aplicaciones fitosanitarias y elevando aún más los costos de producción, pues los fertilizantes, agroquímicos, combustibles y mano de obra siguen encareciéndose, y al final, el productor siembra con la esperanza de cosechar, pero termina enfrentando una creciente incertidumbre. Entonces vale la pena preguntarnos: ¿De qué sirve que el clima acompañe si producir cada hectárea cuesta más y vender la cosecha sigue siendo una apuesta? Desde hace años escuchamos hablar de autosuficiencia y soberanía alimentaria, conceptos y objetivos que comparto plenamente, pero la soberanía no puede quedarse en el discurso, la soberanía se construye cuando el productor cuenta con conocimiento, tecnología, financiamiento y condiciones para que su actividad sea rentable. Y es que vivimos con una política que solo reacciona a las crisis en lugar de prevenirlas; por eso, mientras no apostemos por la investigación aplicada, la transferencia tecnológica, el manejo sustentable de los suelos, los bioinsumos y una infraestructura capaz de enfrentar el cambio climático, seguiremos queriendo resolver los mismos problemas cada temporada, pero a un costo cada vez mayor. Además, debemos reconocer nuestra alta dependencia de insumos importados, lo que nos hace muy vulnerables, ya que cada variación en los mercados internacionales termina afectando directamente al productor y, finalmente, al precio de los alimentos que llegan a nuestras mesas. Por eso estoy convencido de que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo debe asumir un papel más activo, e insisto que debemos actuar en consecuencia con elocuencia, pues el conocimiento ya no puede quedarse en los laboratorios o en los artículos científicos; debe convertirse en esas soluciones pertinentes y viables que ayuden a producir mejor, reducir costos y fortalecer la competitividad del campo mexicano. Nuestros productores y nuestro campo ya no necesitan más discursos de ocasión, necesitan inteligencia técnica, innovación y políticas públicas que dejen de administrar problemas, ¡¡ya basta de ello!!, comencemos a resolverlos. No nos damos cuenta de que cuando producir alimentos deja de ser rentable, no solo pierde el agricultor; perdemos todos. Dejo un par de preguntas sobre la mesa: ¿Estamos fortaleciendo realmente la soberanía alimentaria o solo repitiendo un concepto políticamente atractivo? ¿Estamos preparando a nuestros productores para enfrentar un clima cada vez más extremo y mercados más exigentes, o seguimos dejándolos solos para asumir todos los riesgos? Si queremos hablar seriamente del futuro del campo, el debate ya no puede esperar. Desde mi trinchera Nicolaíta seguiré levantando la voz por quienes todos los días hacen producir la tierra y, por quienes, con demasiada frecuencia, enfrentan solos los desafíos del campo mexicano. Seguiré siendo un portavoz de las demandas legítimas de nuestros productores, convencido de que la academia no debe limitarse a observar la realidad, sino asumir la responsabilidad de transformarla. Ese seguirá siendo mi compromiso: tender puentes entre la academia y el sector productivo, para que la voz del agricultor también encuentre eco en las instituciones y se convierta en soluciones que fortalezcan el presente y el futuro de México, #Palabra_de_Nicolaíta. Navegación de entradas “Ya lo Veía Venir”: el Verdadero Problema del T-MEC nunca fue Estados Unidos, sino México. El Campo No Está Corto de Manos… Está Corto de Ideas.