Por: Leticia Florian Arriaga

En la Tenencia de San Nicolás Obispo, la Semana Santa no se limita al recogimiento religioso. Aquí, la tradición toma un giro singular y se convierte en un carnaval lleno de simbolismo, desorden ritual y una energía que mezcla lo sagrado con lo festivo.

Jueves y viernes son días de “Los Judíos”, personajes inconfundibles que recorren las calles portando coloridos morrales, sombreros adornados y, en algunos casos, alas que los hacen aún más llamativos. Más que simples figuras, cumplen una función particular dentro de la comunidad: mantener el orden a su manera. Entre bromas, empujones y escenificaciones, “apresan” a quienes consideran que alteran la paz: borrachos, rijosos o cualquiera que “ande de relajo”. La escena, mitad teatral y mitad disciplinaria, provoca risas, tensión y expectativa entre quienes observan.

Pero si hay un día que desata por completo el carácter irreverente de esta celebración, es el martes, cuando llegan “Los Correos”. Es el momento de los disfraces, las máscaras y el desenfreno. Aunque para algunos puede resultar incómodo, el espectáculo atrae a decenas de pobladores que salen a mirar —con cierta precaución— el paso de estos personajes.

Los Correos avanzan por calles y plaza cargando botes con chiles encendidos, tripas de pollo y huevos —muchos de ellos congelados o incluso en mal estado— que no dudan en lanzar entre ellos… y a veces también hacia el público. Es un juego rudo, visceral, donde la línea entre participante y espectador puede romperse en cualquier momento.

El recorrido culmina en el corral de toros, donde la fiesta alcanza su punto máximo: la música suena, el baile comienza y los “huevazos” vuelan sin tregua, alrededor del toro de petate y la maringuía, en una escena caótica pero profundamente arraigada en la identidad local.

Tras días de intensidad, el Domingo de Resurrección ofrece un contraste reconfortante. La comunidad se reúne en la plaza para compartir alimentos tradicionales: churipo y corundas que se reparten entre los asistentes, cerrando así un ciclo que va del bullicio al encuentro colectivo.