Pobladores de la comunidad de Nieves, testigos del espíritu bronco de los aguacateros

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—¡Que no se metan conmigo! Si me vienen a reclamar por el agua me van a encontrar; si se arriman pocos aquí los mato, si vienen muchos a ver cómo hablamos.

—Aunque no les guste de todas maneras le voy a plantar aguacate al terreno, el diputado que también es dueño sabe cómo lidiar con esto. Hace años, los de Nieves quisieron impedirle la perforación de un pozo y no pudieron, ahí sigue con su huerta.

Los aguacateros broncos, muchos de ellos orgullosos de su membresía de la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (Apeam) , han avanzado sin tropezar con límites a sus prácticas expansivas que rallan en la criminalidad, así lo exhibe Julio Santoyo Guerrero en su artículo «Aguacateros Broncos», en el que narra como al ser confrontado por pobladores de Nieves, comunidad de la Tenencia de Santiago Undameo han reaccionado con prepotencia.

Y refiere:

Su paso ya tiene ritmo de trote porque han encontrado en la impunidad el sendero que les garantiza salirse siempre con la suya. Detrás de la mayoría de los predios que han sido talados para hacerles cambio de uso de suelo y dotarlos de agua para la producción aguacatera existen historias como las referidas. Por lo menos, esto pasa en la zona de expansión aguacatera del sur de Morelia y el municipio de Madero.

Los diálogos descritos han sido recuperados gracias a la colaboración de ciudadanos que directa o indirectamente han tenido conocimiento del discurso prepotente de ese segmento de aguacateros broncos y que son cabeza en la cruzada para expandir ilegalmente los cultivos del oro verde.

Por supuesto que dicha información, detallada con nombres y apellidos, será puesta a disposición del mecanismo (gubernamental) preventivo para la protección de los activistas que cuidan del medio ambiente en esta zona y realizan acciones permanentes de denuncia frente al ecocidio ordinario que ocurre en estos lugares.

Los aguacateros broncos, muchos de ellos orgullosos de su membresía en Apeam, han avanzado sin tropezar con límites a sus prácticas expansivas que rallan en la criminalidad. Su paso ya tiene ritmo de trote porque han encontrado en la impunidad el sendero que les garantiza salirse siempre con la suya.

En 2017 el Consejo Promotor del Área Natural Protegida del sur de Morelia, Madero y Acuitzio, denunció ante Conagua la proliferación de 27 pozos en el entorno de Nieves, y, la obstrucción de escurrimientos para favorecer hoyas concentradoras. En aquellos días, a la localidad de Nieves (por cierto, en el olvido del gobierno municipal de Morelia), le negó Conagua el acceso al agua para consumo humano a través de la perforación de un pozo.

Hace un par de meses, ambientalistas de Madero junto a comisariados ejidales, jefes de tenencia, encargados del orden y la Dirección de Ecología y Medio Ambiente del gobierno municipal, sostuvieron una reunión con funcionarios de Conagua para exponerles el caos que priva por la perforación de pozos y hoyas concentradoras en el municipio. En respuesta, ninguna acción. Ni siquiera la de proporcionar un correo electrónico para documentar nuevas denuncias. Es decir, Conagua ha sido hasta ahora una institución ajena a la problemática que debería atender. Como suele decirse, es un florero.

El desastre hídrico que se está generando en el sur de Morelia, en donde los bosques siguen siendo abatidos al margen de la legalidad y los criterios esenciales de sostenibilidad, ha sido tolerado desde las instituciones correspondientes. Pero desde el absurdo se ha anunciado la construcción de represas en el sur oriente de Morelia para garantizar el agua a la capital cuando el sentido común índica que lo primero es garantizar la permanencia de los bosques del sur de Morelia y la aplicación de una política hídrica que asegure el flujo del agua desde los bosques.

Es constitutivo del espíritu bronco de los aguacateros ilegales la complicidad por omisión (interesada o no) de las instituciones del sector ambiental. Otra cosa fuere si las leyes se aplicaran con rigor sin tolerancia a políticos y criminales.

 Que se sientan en el derecho para amenazar de muerte a quienes reclaman el derecho humano al agua, o en el derecho para plantar aguacate a pesar de ilegalidades demostradas con evidencia de bosques arrasados y manantiales destruidos, asumiéndose como protegidos por políticos con funciones de representación, es porque, como se suele decir, les han encontrado el modo a malos funcionarios de las instituciones.

Pruebas abundan de hasta dónde son capaces de llegar los aguacateros broncos en sus afanes de enriquecimiento. La responsabilidad de ellos por cualquier atentado que puedan sufrir los ambientalistas de Madero queda apuntada en estas líneas. Pero, también queda apuntada la responsabilidad de las instituciones que debiendo aplicar la ley, como es su deber y responsabilidad constitucional, no lo están haciendo.

Ni los aguacateros broncos ni la indiferencia de las instituciones habrán de ser impedimento para la denuncia de ecocidio. Como lo dijera un campesino del Zangarro de Madero: “si nos quitan el agua, con ello ya nos están quitando la vida, qué más podemos perder”.