Los Programas Sociales, de la Condicionalidad al Complemento del Desarrollo

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Desde el inicio de la actual administración del Gobierno Federal hemos visto la implementación de una Política Pública Social basada en transferencias monetarias a segmentos de la población que en teoría se deberían encontrar en situación de pobreza o pobreza extrema, o que requieren de ese apoyo para atender un proceso formativo. Sin embargo, no necesariamente se cumple esta premisa, pues los beneficiarios también han sido aquellas personas que cumplen con las condiciones que el programa establece, las cuales regularmente no definen las características específicas de esos segmentos de la población que realmente necesita el apoyo.

Una Política Social muy polémica pero la cual sin duda resulto ser el soporte de la crisis de la pandemia del COVID-19 durante el 2020 y 2021. Esto se sustenta en el informe sobre los impactos sociodemográficos de la pandemia de COVID-19 en América Latina y el Caribe 2022 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL); en donde se destaca la importancia de estos programas y su impacto positivo en el bienestar de la población vulnerable durante esta crisis inédita, en aspectos como: ingreso, alimentación y salud.

Aunque también es prudente mencionar que, para el caso de México, la actividad agropecuaria fue un soporte fundamental de esta crisis, pues a pesar de las medidas de confinamiento social y un nuevo modo de vida virtual, la producción de alimentos nunca se detuvo y siguió manteniendo los empleos aportando a la sostenibilidad, evitando el colapso económico y demostrando la importancia de esta actividad para nuestro país.

Por eso sostengo que México debe redireccionar sus políticas de desarrollo e inversión hacia el campo, no solo para rescatar una actividad que ahora está en crisis, sino para reforzarla y convertirla en el eje prioritario del desarrollo.

Y no es que sea una visión personal, pues si se dan cuenta sigue siendo noticia la crisis alimentaria global que se avizora en un futuro inmediato.

Esta crisis en la reducción de la producción y disponibilidad de alimentos está escalando los precios al consumidor, por lo que no bastará con esa Política Social de apoyo monetario para soportar un colapso económico que pueda suceder en un contexto tan complejo como el actual.

Quiero ser preciso en mi comentario, la Política Social de apoyo monetario no ha sido errática, pero ha sido motivo de cuestionamiento por que genera un entorno de condicionalidad que supera el objetivo, por lo que hay que reorientarla y dirigirla como un apoyo de “Bienestar para el Desarrollo”. Es decir, si como país detectamos y dinamizamos nuevas estrategias de desarrollo donde la Política Social sea el complemento, podríamos enfrentar las grandes debilidades e insuficiencias y visualizar un entorno de estabilidad y recuperación económica y social en México.

Pero para eso hay que invertir el presupuesto en desarrollo, y es aquí donde nuevamente reitero esa urgente necesidad de visualizar un redireccionamiento de la Política en México, pues no es posible que en un escenario como el actual se haya registrado en abril de este año el mayor subejercicio desde enero del 2021 (97,500 millones de pesos), presupuesto que se debería estar gastando/invirtiendo para detonar empleos y desarrollo.

Y ya lo han dicho muchos analistas, este subejercicio no es ahorro del presupuesto, sino la falta de eficiencia en el ejercicio del recurso programado. El gasto de este ejercicio y su inversión en desarrollo pueden ser detonadores de dinamismo económico y una estrategia para mitigar la inflación creciente.

Es momento de que en México establezcamos un modelo de desarrollo donde los programas sociales de apoyo monetario (que difícilmente podrán dejar de otorgarse) dejen de ser objeto de una estrategia de condicionalidad y se conviertan en el complemento de una actividad productiva y sostenible, #Palabra de Nicolaíta.