La Evidente Fragilidad en Seguridad Alimentaria Demanda un Cambio de Estrategia en México

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Cada día que pasa escucho en las noticias como se grava más y más la crisis inflacionaria en los alimentos. Una crisis que se ha señalado por diversas causas; hasta la participación del crimen organizado en el cobro de piso por la comercialización y distribución de productos de la canasta básica.

Aunado a esto, desafortunadamente aún estamos por recibir el siguiente coletazo del conflicto de Ucrania y Rusia que han llevado a la paralización de la capacidad productiva agrícola y a la obstaculización de gran parte del comercio de cereales y fertilizantes de estos países.

¿Qué podemos esperar de esto?

Pues, aunque suene muy drástico, una crisis alimentaria mundial.

Y es que entre ambos países concentran las más importantes exportaciones de fertilizantes y granos del mundo; por citar algunos ejemplos en 2020 tan solo estos dos países aportaron la exportación mundial del 28% de trigo, el 15% del maíz y alrededor del 60% de aceite de girasol; y en lo que respecta a los fertilizantes solo Rusia proveyó con más del 50% del suministro de fertilizantes empleado en el sector agrícola mundial.

Esto nos debe generar una gran preocupación de seguridad alimentaria en México, no solo por la gran demanda mundial y escases de estos insumos y productos; sino que también, por los altos costos que siguen escalándose y que están impactando en un inédito aumentó de la inflación en los precios de nuestros productos básicos agrícolas y la canasta básica de nuestro país.

Como ejemplo, se ha estimado que la escasez de fertilizantes incide significativamente en el incremento de los costos agrícolas: 20% en el caso del arroz, la papa y la caña de azúcar, y hasta el 40% en el caso del maíz amarillo y el café; pero además, la insuficiente aplicación de fertilizantes también disminuirá significativamente los rendimientos por hectárea agravando más este problema, e incluso vemos como nuestros productores agrícolas están optando por reducir las superficies sembradas de ciertos cultivos.

Desafortunadamente este escenario será aún más grave ya que un tercio de los cultivos y tierras agrícolas de Ucrania no podrán cosecharse o cultivarse en este 2022, lo que representa alrededor de 26.4 millones de toneladas de trigo, maíz y cebada, lo que se traducirá en una reducción de entre 19 millones y 34 millones de toneladas de sus exportaciones para este año, y para 2023 esta alcanzara hasta las 43 millones de toneladas (equivalentes a la ingesta calórica de 60 millones a 150 millones de personas).

En países como el nuestro esta crisis está evidenciando la fragilidad de nuestra seguridad alimentaria, pues en febrero y marzo de este año hemos visto un crecimiento inflacionario en alimentos y bebidas del 11,7% y 12,1% respectivamente (muy por encima del 6.8% promedio de todo el 2021).

Sin duda que debemos actuar inmediatamente y replantear la prioridad nacional hacia la búsqueda de la garantía de seguridad alimentaria y de fertilizantes; y desde luego en búsqueda de la soberanía alimentaria de México.

La situación geográfica de nuestro país, nuestra riqueza en cuanto diversidad de climas y suelos, nuestra biodiversidad y recursos naturales, y nuestra disponibilidad de agua y tierras agrícolas, hace factible pensar que podemos lograr nuestra soberanía alimentaria en México.

Lo cierto es que por ahora ya no suficiente el que los alimentos estén exentos del IVA, ni los intentos por contener el incremento de los precios de la canasta básica en acuerdos con los productores y las cadenas de comercialización, o con la eliminando los aranceles a la importación de granos y otros productos básicos desde Belice; lo que debemos hacer es trabajar en diversas alternativas: reducir la gran dependencia de la importación de fertilizantes, mejorar la eficiencia de los fertilizantes que producimos nacionalmente, desarrollar nuevas modalidades o alternativas de fertilización, mapear y digitalizar la información sobre nuestros suelos, promover el desarrollo y uso de biofertilizantes, y promover en el mercado nacional el consumos de productos de base agroecológica.

Para enfrentar esta gran crisis que apenas inicia necesitamos urgentemente reorientar nuestra política de desarrollo e inversión, e involucrar nuestros Sistemas Públicos de Investigación Agropecuaria e Instituciones de Educación Superior en las alternativas propuestas, #Palabra de Nicolaíta.