En Tenencia Morelos, el Día de Reyes no solo se espera con ilusión, también huele a pan recién horneado. Es 5 de enero y, desde muy temprano, el vaivén de manos expertas, el calor del horno y el aroma de la masa leudada anuncian que la tradición sigue viva en la Panadería Martínez, un negocio familiar que desde hace más de 20 años endulza la vida cotidiana de esta comunidad.

Aquí, la Rosca de Reyes no es solo un producto de temporada: es un ritual que convoca recuerdos, reúne familias y refuerza la identidad barrial. Don Genaro, tercera generación de panaderos, es uno de los guardianes de este oficio heredado desde su abuelo. Con voz serena y manos curtidas por la harina, explica que el secreto no está solo en la receta, sino en la vocación familiar y en el respeto al trabajo artesanal.

“Seguimos la tradición”, dice, mientras observa cómo la masa toma forma. Cada rosca es elaborada de manera artesanal, sin procesos congelados, respetando los tiempos de fermentación y horneado. En aproximadamente tres horas, la masa se transforma en ese pan dorado que protagoniza la mesa cada 6 de enero.

Aunque la rosca tradicional sigue siendo la favorita, la panadería ha sabido adaptarse a los nuevos gustos: rellenas de queso con zarzamora, Nutella, frutas, chocolate o nuez, conviven con la versión clásica decorada con ate moreliano y naranja acitronada, en sustitución de la biznaga, hoy protegida por ley. Innovación y tradición, de la mano.

La producción se multiplica en estas fechas. Días antes, el equipo se prepara con insumos, personal extra y jornadas intensas. Las roscas van desde tamaños individuales hasta piezas familiares de dos kilos, pensadas para reunir hasta 30 personas alrededor de la mesa, con muñequitos incluidos según el gusto del cliente.

Pero más allá de los números y los sabores, hay un gesto que distingue a Panadería Martínez y la ha convertido en un referente comunitario: este 6 de enero, como cada año, a partir de las 10 de la mañana, compartirán rosca y chocolate caliente con todas las personas que acudan a sus sucursales, tanto en Tenencia Morelos como en Santa María de Guido. Un acto sencillo, pero profundamente simbólico, que refuerza el sentido de comunidad y el valor del consumo local.

“Invitamos a la gente a que acuda a las panaderías tradicionales, a las de su barrio”, señala Don Genaro. “Ahí es donde se garantiza un producto fresco, de calidad y con historia”.

En tiempos donde todo parece ir de prisa, en Panadería Martínez el reloj se detiene lo necesario para que la tradición siga su curso. Este Día de Reyes, entre una taza de chocolate y un trozo de rosca, Tenencia Morelos vuelve a encontrarse con su memoria, su sabor y su gente.