Capula vivió una jornada llena de color, música y tradición con la realización del tradicional Festival del Torito de Petate, donde niñas, niños, jóvenes y adultos participaron con entusiasmo en uno de los eventos más representativos de la tenencia.

Entre el sonido de la banda y un ambiente de fiesta, los toritos recorrieron las principales calles de la comunidad, acompañados por familias enteras que se sumaron a la celebración. La jefa de tenencia, Diana Isela Sagrero Landa, expresó sentirse “muy a gusto y muy divertida” tras el recorrido, destacando la alegría de las y los niños, quienes participaron con sonrisas y gran entusiasmo.

“Se notó la participación comparada con el año pasado”, señaló Sagrero Landa, al tiempo que agradeció a todos los sectores que se sumaron a esta fiesta tradicional: artesanos, expositores de gastronomía, participantes caracterizados de Catrina y más creadores locales que enriquecieron el evento con su presencia.

La jefa de tenencia subrayó que la organización de este festival no se limita al día del recorrido, sino que implica días —e incluso semanas— de preparación para la elaboración de los toritos que se lucen durante la celebración. “No solamente es el tiempo en el recorrido, sino desde días atrás para prepararse; la verdad sí lo agradezco con todo el corazón. Gracias a todos los que participaron y esperamos que el próximo año sea mejor”, expresó.

Aunque consideró aventurado precisar el número exacto de toritos participantes este año, recordó que en la edición pasada fueron 112, y aseguró que en esta ocasión la cifra fue superior, lo que refleja el creciente interés de la comunidad por mantener viva esta tradición.

Sagrero Landa también reconoció la participación de instituciones educativas, artesanos, expositores gastronómicos y, de manera especial, de madres y padres de familia que permiten que sus hijas e hijos continúen disfrutando y preservando estas expresiones culturales que dan identidad a la tenencia.

El recorrido culminó en el corral de toros y en las canchas de básquetbol, donde la euforia alcanzó su punto máximo. Como marca la tradición, grandes y pequeños terminaron cubiertos de harina y confeti, en un ambiente de sana convivencia que año con año fortalece el sentido de comunidad en Capula.