Por: Gerardo Pérez Morales

El sonido de los aplausos, la música y el murmullo de la comunidad reunida llenaron la plaza de Capula la mañana de este 6 de marzo de 2026. No era un día cualquiera: el pueblo alfarero celebraba 476 años de historia, de barro convertido en arte y de tradiciones que siguen vivas en la memoria de sus habitantes.

Entre autoridades, maestros, alumnos y familias enteras que acudieron al acto cívico cultural, la jefa de tenencia Diana Sagrero Landa recordó que Capula es más que un lugar en el mapa: es una herencia viva.

Con emoción, expresó que ser parte y representante de esta comunidad le llena de orgullo y satisfacción, pues Capula es un pueblo que durante décadas ha mantenido intactas sus tradiciones. “Quien es de Capula —dijo— forma parte de las historias de los bisabuelos y de los abuelos, de las leyendas, de la cultura y de la riqueza que no sólo está en su gastronomía o en su artesanía, sino también en sus costumbres y tradiciones”.

Recordó que en los adultos mayores se resguarda un tesoro invaluable: la memoria colectiva del pueblo. “Ellos son quienes guardan nuestras raíces y enseñan lo que somos. No en todas las comunidades se puede decir lo mismo”, señaló.

Sagrero Landa hizo también un llamado a los habitantes para seguir unidos y preservar aquello que da identidad a Capula: “Que nuestras costumbres sigan vivas para que cada día nuestro pueblo crezca más y nunca perdamos nuestras raíces”.

Un pueblo nacido entre historia y barro

Durante el acto, estudiantes compartieron la reseña histórica del pueblo, recordando que existen dos fechas relacionadas con su fundación. Según algunos registros, fue el 3 de marzo de 1550 cuando el virrey Antonio de Mendoza concedió caleras para la construcción del nuevo asentamiento indígena. Otros documentos señalan el 9 de marzo del mismo año, cuando el apoyo se extendió también a comunidades cercanas.

El pueblo, cuyo nombre puede provenir tanto del purépecha como del náhuatl y significa “lugar de capulines”, ya existía antes de la llegada de los españoles. Sin embargo, tras la conquista se congregó a la población indígena dispersa para formar el Capula que hoy se conoce.

Años después, el obispo Vasco de Quiroga reorganizó los oficios en la región y asignó a esta comunidad el trabajo del barro. Aquella decisión marcaría para siempre la identidad del lugar.

Hoy, Capula es reconocido a nivel nacional e internacional por su tradición alfarera. Sus artesanos elaboran piezas únicas como la alfarería punteada, la loza tradicional y las famosas catrinas de barro, inspiradas en la estética de José Guadalupe Posadas y revitalizadas por el artista Juan Torres.

El aniversario también se celebró con música, danza y la participación de estudiantes de la Primaria Xenguaro, la Secundaria Vasco de Quiroga y el CECyTEM 33.

Sobre el escenario improvisado, los jóvenes interpretaron melodías y bailes folclóricos que arrancaron sonrisas y aplausos. Desde el emblemático baile “Las Chiapanecas”, lleno de color y ritmo, hasta el alegre “Pato Asado”, cada presentación recordó que la música y la danza también son formas de conservar la historia de un pueblo.

Las notas de trompeta y piano resonaron en el aire mientras la comunidad celebraba no sólo un aniversario, sino la continuidad de su identidad.

La celebración también reunió a artesanos y representantes de la gastronomía local, entre ellos integrantes de Artesanos Unidos Libre de Capula, así como a los regidores Mariana Orozco y Gilberto Morelos, Mariana, además de la secretaria de Fomento Económico Guadalupe Herrera.

Un rincón de historia en Michoacán

El pueblo conserva también joyas arquitectónicas como el templo de Templo de Santiago Apóstol, construido en el siglo XVII, cuya sencilla pero elegante portada de arco de medio punto sigue siendo punto de reunión para los habitantes.

A casi cinco siglos de su fundación, Capula continúa siendo un lugar donde el pasado y el presente dialogan entre calles empedradas, hornos de barro y talleres de artesanos.

Al concluir el acto cultural, la sensación entre los asistentes era clara: celebrar a Capula no es sólo recordar su historia, sino reafirmar el compromiso de cuidarla.